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La Inteligencia Artificial en el Arbitraje
Internacional: Oportunidades y
Desafíos

El teletrabajo como modalidad laboral en la que los empleados desarrollan parcialmente, o a totalidad, su jornada productiva desde fuera de las instalaciones físicas de la empresa para la cual trabajan, ya sea en sus hogares o en cualquier otra ubicación que entiendan pertinente, es una tendencia en constante crecimiento desde hace poco más de una década en las grandes metrópolis capitalistas y corporativas del mundo (Madrid, New York, Los Ángeles, entre otras).

En ese tenor, la incidencia de la pandemia del Covid-19 representó un extraordinario empuje para este estilo de trabajo que, a partir del año 2020, se extendió a prácticamente todas las naciones, incluyendo a aquellas para las cuales el teletrabajo, por cuestiones de subdesarrollo, parecía ser una realidad bastante lejana. Tal es el caso de la República Dominicana en donde, a lo largo de los momentos más recios de la pandemia, la gran mayoría de sectores productivos del país se vieron en la obligación de continuar su operatividad de manera remota y ello representó la necesaria implementación del teletrabajo.
Lo que ocurre es que el fenómeno antes expuesto, a diferencia de en otras latitudes, en nuestro país padeció de un retroceso sistemático a partir del levantamiento de las medidas sanitarias que dictaminaron nuestro estilo de vida durante la crisis sanitaria del Covid-19. En otras palabras, la mayoría de los empleadores dominicanos optaron por abandonar el teletrabajo y regresar a las modalidades ortodoxas de ejecución de las jordanas laborales.
En ese sentido, si bien a países como el nuestro el auge del teletrabajo arribó como una respuesta apresurada ante una eminente crisis, sin previa planificación, estructuración ni proyección, la realidad es que su ejecución fue posible gracias a que ciertamente en la actualidad en la República Dominicana, el empresariado, el Estado y gran parte de la población, cuenta con las herramientas intelectuales y operativas necesarias para vincular, cada vez más, el trabajo con la tecnología.
Continuando con dicha idea, hoy en día la pandemia del Covid -19 no es la realidad de nuestra existencia, por fortuna, pero el teletrabajo sigue siendo la respuesta a muchas otras crisis que siguen latentes en la sociedad dominicana, como el colapso del tránsito, la contaminación ambiental, la decadencia de la salud mental, entre otras.
El pasado 10 de octubre del año en curso (2024), el Ministerio de Trabajo de la República Dominicana hizo formal entrega al Congreso Nacional del Proyecto de Reforma Laboral, con el cual se pretende modernizar el Código de Trabajo dominicano que, tras 32 años de vigencia, se ha quedado al margen de los nuevos tiempos y las tendencias laborales vanguardistas. Si bien, entre los aspectos del Proyecto que más han acaparado la atención de la opinión pública y de diversos sectores productivos del país, se encuentran los relativos a la cesantía, las/os trabajadores/as domésticas/os, la licencia de paternidad y las vacaciones; realmente resulta importante prestar interés y esmero a todo lo relativo al teletrabajo que trae consigo el proyecto.
En resumidas cuentas, la necesidad impostergable de convertir en tendencia el teletrabajo para mayor eficiencia general de las relaciones laborales en nuestro país, debe de encontrar su punto de partida y principal apoyo en la regularización legal de esta modalidad. Actualmente en la República Dominicana, algunos aspectos del teletrabajo son tímidamente regulados por resoluciones del Ministerio de Trabajo, pero es de vital importancia que el nuevo Código de Trabajo dominicano enfatice de manera más objetiva y extensa esta modalidad laboral, estableciéndose en el mismo, de manera detallada: definiciones, obligaciones, derechos y herramientas. Aspectos como el costo de la utilización y el mantenimiento de equipos en el teletrabajo, la capacitación de los trabajadores en este nuevo método y el respeto a los horarios de los empleados, entre múltiples otros, son temas que no pueden ser pasados por alto ni se pueden ahorrar esfuerzos en su regularización en el nuevo Código que resulte de las iniciativas actuales del gobierno y el poder legislativo.

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